Esta es bastante curiosa, y famosa también entre los peregrinos.

En esta localidad de La Rioja pararon a descansar las fatigas del camino un matrimonio alemán y su hijo. Una hija del dueño de la casa donde se alojaron trató de seducir al joven, pero éste no le hizo mucho caso y ella, en venganza, escondió una copa de plata entre sus ropas y lo acusó de robo. Así, cuando la justicia lo prendió, hallaron la copa, por lo que rápidamente fue juzgado y ahorcado. Tras el suceso, los padres siguieron viaje a Compostela y a la vuelta, su madre paró a rezar en el lugar donde aún colgaba su hijo. De pronto, escuchó la voz del muchacho diciendo que dejase de llorar, pues él aún estaba vivo. El milagro se cumplió porque la Virgen y Santiago o quizás Santo Domingo, lo sostenían evitando su muerte. sus padres corrieron a ver al juez, que estaba comiendo, y al oir el relato de la mujer, le dijo que aquello era imposible, que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que estaban allí dispuestos para comer. De pronto, las dos aves volvieron a la vida y salieron volando de la mesa. El juez, asombrado, comprobó que el muchacho aún vivía y lo devolvió a su familia. Las aves se llevaron a la iglesia como prueba del milagro.
Desde aquel suceso, en la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, en su interior, y en la parte trasera, en lo alto, y enfrente mismo del altar, hay un gallo y una gallina metidos en una jaula. Lo gracioso, es oir al gallo mientras hay misa.
Lo más curioso es ver la impasividad de los fieles ya acostumbrados a ese alboroto en medio de la celebración.