martes, 5 de abril de 2011

Los Condes de Carrión y La Virgen del Dado

El peregrino pasa de la provincia de Burgos a la de Palencia. Allí se pasa por Carrión de los Condes, donde "El Poema de Mio Cid" nos cuenta que eran los condes Diego y Fernando González, casados con las hijas del Cid, y que a menudo sufrían las burlas de los hombres del Campeador por su cobardía. En venganza, los condes abandonaron a a sus esposas en el robledal de Corpes, creyéndolas muertas, después de azotarlas. El Cid pidió justicia a su rey, exigió que le devolvieran las dotes que les había dado y retó a duelo a los infames. Vengada la afrenta, las muchachas volvieron a casarse en mejores nupcias, con infantes de Navarra y Aragón.

Llegando a la provincia de León, allí estuvo muy concurrido el Camino sobre el siglo XVII. Debido a la cantidad de viajeros que pasaban, se daban cita muchos buscavidas que vivían de la estafa y del juego. Cuentan que un día, en una de las muchas partidas de dados que se jugaban, nada menos que dentro del claustro de la catedral, un soldado de los tercios de Flandes que se encontraba de paso, veía como, mediante trampas, le iban dando cuenta de todo el dinero que llevaba encima. Enojado por la situación, agarró el dado y lo lanzó con fuerza, dando contra la estatua de la Virgen que tenía enfrente y golpeando la cabeza del niño, que, de repente, ante el asombro de todo el mundo, comenzó a sangrar. Dicen que aquel soldado no sólo dejó el juego, sino que también abandonó el ejército para siempre.