Así que os muestro algunas fotos tanto de La Ruta del Cares, como de la zona de Los Ancares.
Os dejo para los que os intereseis por estas zonas, algún link donde encontrar cosas interesantes.
La otra via de entrada del Camino en la Península, es a través del puerto de Somport, para llegar a tierras de Aragón. Allí cerca hubo un importante centro de acogida de peregrinos, el Hospital de Santa Cristina de Somport, sobre cuya fundación se cuentan muchas leyendas. según una de ellas, dos peregrinos franceses que se quedaron una noche aislados por la nieve y aterrados por los lobos, se refugiaron en una cueva prometiendo levantar un albergue si sobrevivían. Al amanecer, cumpliendo su palabra, empezaron las obras.
En tierras de Navarra, Carlomagno se enfrentó a las tropas del navarro Furro en las inmediaciones de Villamayor de Monjardín. El emperador, dispuesto a salvar la vida de todos sus hombres, rogó al Apóstol Santiago que le indicara cuáles de sus hombres iban a morir en la batalla. Como respuesta, apareció una cruz roja pintada sobre el escudo de ciento cincuenta soldados. Carlomagno decidió entonces que aquellos hombres no participasen en la batalla y quedasen a salvo en sus tiendas. Sus tropas libraron la contienda sin sufrir bajas, pero cuando regresaron al campamento, encontraron muertos a todos los soldados que habían sido marcados.
La princesa Felicia encontró la fe en Dios durante su viaje de peregrinación a Santiago, y decidió abandonar el lujo y las riquezas, por una vida humilde como sirvienta en el señorío de amocain, en el valle de Egües. Guillén, su hermano, fue a buscarla y cuando dio con ella, trató de que volviera, recordándole su compromiso de boda y el honor de su familia. Pero ella, reconfortada con su nueva vida, insistió en quedarse. Guillén, totalmente enajenado, la mató y después, arrepentido, partió hacia Compostela, pensando que quizás en el Camino podría encontrar el perdón de la misma manera que su hermana halló la fe.
Algunas leyendas cuentan que, tras la matanza de Roncesvalles, un ángel se apareció a Carlomagno mientras dormía y le anunció una terrible batalla, aconsejándole que, para cubrir las bajas, convocara a las doncellas de su imperio. reunió de esta manera en Valcarlos a 56.066 muchachas dispuestas a luchar y así, llegado el día, las jóvenes, vestidas con armaduras de caballeros, avanzaron hasta el alto de Ibañeta mientras sus enemigos huían asustandos, creyendolas guerreros de los largos cabellos. En el camino de vuelta, las mujeres pararon a pasar la noche en un descampado, en el que clavaron sus lanzas antes de dormir. Al amancer, las lanzas, se habían convertido en árboles que formaban un hermoso y frondoso bosque.